El Foro Económico Mundial de Davos, un evento más necesario que prescindible y más estético que práctico

Sebastián Cebrián
CEO y Socio Villafañe & Asociados Consultores

Artículo 26 enero 2023

Davos acaba de finalizar su 53 edición, con la coincidencia de los enormes desafíos y retos a los que se enfrenta la humanidad y, con ella, todo tipo de empresas, Estados, instituciones y Gobiernos.

Bajo un formato ya veterano, la cita suiza se mantiene en la agenda de los principales líderes políticos y financieros para compartir sus visiones, análisis y desafíos, aunque sean muchos los que inciden en las ausencias de esta edición y las siempre injustas comparativas con los que sí asistieron en las anteriores.

En 2023, no estuvieron por ejemplo los presidentes de EE.UU. -Trump llegó a acudir en 2020 y Joe Biden en 2017-, o de China -aunque estuvo el viceprimer ministro Liu He-; o la imposible representación de Rusia porque, sencillamente, no fue invitada, al menos formalmente.

Dicho esto, es innegable el valor de una presencia representada por un compendio amplísimo de referentes mundiales, un mix de líderes entre los que destacaron más de medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno -la mayoría de ellos europeos-, otro medio centenar de ministros de comercio y/o asuntos exteriores y una veintena de gobernadores de bancos centrales, además de los primeros ejecutivos de entidades como la Organización Mundial del Comercio,  Naciones Unidas o el Fondo Monetario Internacional… y, por supuesto, centenares de primeros ejecutivos de todo tipo de empresas y multinacionales. 

Davos es sin duda una reunión necesaria para hablar de lo que ya sabemos -al menos los públicos altamente informados- y, lamentablemente, para poner en evidencia demasiadas diferencias en la receta de las soluciones. De hecho, las conclusiones sobre los hitos y desafíos mundiales podrían haberse escrito antes de empezar el evento, el de 2023 y el de otras ediciones anteriores porque, salvo la guerra de Ucrania, en Davos hemos visionado de nuevo el mundo fracturado hacia el que caminamos, que revisa una globalización apalancada en el neoliberalismo como doctrina de libre mercado, la estrategia proteccionista e individualista de grandes países, más desigualdad entre ricos y pobres, mayores riesgos sistémicos globales -como guerras, pandemias o desastres naturales…-, una recesión latente o el replanteamiento de las políticas energéticas e industriales.

Ratifiquemos no obstante lo interesante de las tendencias sustentadas en robustas investigaciones. Dos quintos de los 4.410 directivos encuestados para el estudio presentado por PwC aseguran, por ejemplo, que sus compañías no existirán dentro de una década. Asimismo, los ejecutivos se muestran pesimistas en general. Dan por sentada una recesión global que el FMI señala para la tercera parte del PIB global, incluidos aterrizajes más o menos bruscos en Europa, EE.UU. o China, la cual dejará de ser ese gran motor de la globalización.

¿Tiene en cualquier caso sentido que una cumbre de tan alto nivel aborde temas tan variados, tan generales, y que ya conocemos? Lo cierto es que sí porque pese a un enfoque más estético que práctico, debe reconocerse que es más necesario que prescindible por varias razones:

La primera es su gran y exitosa exposición mediática durante el evento, y en las semanas previas y posteriores. Es imposible mantenerse alejado de informaciones sobre el foro. Que dicha exposición se deba, sobre todo, a la altura de los participantes del evento, no resta valor a su atractivo informativo. Al contrario, eleva el perfil de seriedad e importancia de la cita.

Segundo, su difusión de conocimiento: Davos es una gran pasarela y como tal hay que aparecer con las mejores galas, por eso instituciones y compañías, pasando por las grandes consultoras, aprovechan la ocasión para presentar informes y estudios con los que deslumbrar en sus apariciones en el Foro. De hecho, tal es la batería de presentaciones que, aunque conclusiones y/o investigaciones de nivel pueden pasar inadvertidas, es innegable su generación y aporte de conocimiento y análisis.

Tercero, su impacto real, o dicho de otra manera, Davos intenta buscar soluciones a los problemas enunciados. Seguramente este sea el punto más crítico, porque son escasos los ejemplos de éxito rotundo de la cumbre -los mayores logros hay que buscarlos décadas atrás en la Declaración de Davos, que cambió la tensa relación entre Grecia y Turquía, o las conversaciones para la reunificación de Alemania. Los problemas y cuestiones abordados son, en ocasiones, tan profundos y amplios, que pese a no cambiar de forma sustancial la situación, sí ilumina los caminos a seguir y es, por tanto, de utilidad, aunque a veces solo sea para predicar con el ejemplo contrario. 

Sobre el autor

Sebastián Cebrián Gil

CEO Villafañe & Asociados Teléfono: +34 913153065 Email: sebastian.cebrian@villafane.com

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